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07 enero 2017

LA CAPA DEL REY BALTASAR.

Cuando vislumbro la trasera de la carroza del Rey Baltasar me empiezo a sentir mal.
Se apodera de mí una sensación, como la que siento cuando, después de ver una buena obra cómica en el teatro, salgo a la calle.
El que estĂĄ detrĂĄs de ti en el semĂĄforo, te pita apresuradamente porquĂ© va muy deprisa a “no sabemos dĂłnde coño”; la señora que hace dos horas estaba en el portal arropada por mantas raĂ­das y con dos o tres paraguas haciendo de tienda de campaña, sigue ahĂ­; el chico de color que vende pañuelos en el semĂĄforo tapado hasta las orejas, lo sigue haciendo.

Cuando pasa Baltasar, el o la hija de puta, se mantiene; el o la malasangre la sigue teniendo mala, el ratero sigue robando, los que nos hacen la vida imposible siguen en sus trece, y los que no entienden nada, siguen sin entender. En fin, la capa de Baltasar… telĂłn de la comedia romĂĄntica que hemos interpretado durante, mĂĄs o menos, quince dĂ­as;  pero la vida, despuĂ©s de correrse el telĂłn, vuelve a ser igual. LĂĄstima.

Foto extraĂ­da de Wikipedia.


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