Este día, y desde que tenía seis años, era un día grande en casa, muy grande.
El día de hoy es el día de la Asunción, y como tal, celebran su onomástica las que se llaman Encarnación, o Encarna.
Este día, mi casa, siempre fue un día de algarabía, celebraban su santo mi hermana Encarni, mi madre, Encarnita y mi abuela Encarna.
Mi madre ha pasado a la eternidad junto con la suya, mi abuela Encarna, y mi hermana ha pasado a llamarse por herencia Encarna.
Para ellas, en boca del pregonero de la Semana Santa de 1992, una poesía dedicada a la Virgen de la Encarnación en el día de su onomástica que dice así:
el naranjo ya está en flor,
y llena el alma de olor
de las gentes que te esperan,
María de la Encarnación,
cara de rosa y azucena.
Bambalinas púrpuras mecidas
por la brisa y el arte del costal,
para que una fina cara de cristal
que los nardos iluminan…
nos ayude a caminar,
nos aliente y nos de vida.
He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí tu palabra,
y el artista te crea con el alma
como en una ensoñación…
al imaginar tu divina cara
María de la Encarnación.
Madre de todas las madres,
Encarnación de verdad y de vida,
¡Qué belleza en tu mirada!,
¡Qué poder de convicción!
Señora, que las que estén encintas,
te lleven en su alma,
y reciban tu bendición.





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