No obligues a nadie a quererte, mejor oblĂ­galo a irse. Quien insista en quedarse, es quien realmente te quiere. Siempre seremos para alguien, la persona correcta que conocieron en el momento equivocado.

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26 marzo 2020

MI ETÉREO ADIÓS PERSONAL.

Ella era una pizpireta, alegre, risueña y con mucho genio, como casi toda la familia, tenemos un genio innato, y un poco de arte también.
En su vida, desde joven, sintiĂł en su pecho el dolor de una pĂ©rdida, a mediados de los sesenta despidiĂł hasta ahora a su hijo Carlos, un zagal; pero tenĂ­a unos pocos hijos mĂĄs, y no tuvo mĂĄs remedio que seguir adelante,  continuar ese camino que la vida le habĂ­a marcado.
Casada con un buen hombre, mi tío Ángel, Angelito el del banco, como todo el mundo lo llamaba.
Perdió a su nieto Carlos hace ya unos años y eso la trastocó en demasía.
Y después de despedir a su marido, tuvo la mala fortuna que también tuvo que dejar ir a su hijo Antonio.
Era una buena mujer, quizå, después de empezar a desconocer con quien hablaba, a no entender donde estaba, a no poder saludar a nadie porque no lo conocía, casi solo me reconocía a mí; pero no como yo físicamente, sino como si yo fuera mi padre, Pepe Bou.
Cuando la veĂ­a con la mirada perdida en la puerta de la residencia, esperando la llegada de Nuestra Madre de la Soledad (Ella nos proteja a todos), me acercaba a saludarla y me decĂ­a:
- ¡Ohh, mi primo Pepe, siempre tan guapo!, ¿CĂłmo estĂĄs miarma? Y yo le seguĂ­a el juego intentando hacerla lo mĂĄs feliz posible en ese corto rato.
Hace un lustro, recuerdo un acaecido que demuestra el coraje de esta mujer, las ganas de vivir, el empuje, y su fuerza interior...
Estaba sentada en la feria, en la caseta del Coto Colina, y la vi desde el paseo, iba con mi madre, mi hermana y Charo, y decidimos entrar a darle un beso.
Ya me confundió con mi padre, aunque por aquellos años, todavía la corregía, después ya no lo hice mås, la dejé que se sintiese bien, para qué desengañarla.
Ese año, en la feria de Sevilla, inventĂ© como bailar unas sevillanas sin mover ni un pie, dada la cantidad de gente que abarrotaba el recinto en Sevilla; y ella, escuchando las sevillanas de la caseta, ya en su SanlĂșcar,  se comĂ­a por dentro queriendo bailar.
y le dije:
- ¡Venga, ponte en pie, que vamos a bailar!.
Nos marcamos las cuatro sevillanas sin movernos del sitio, como yo había diseñado, y otras cuatro, y se emocionó de tal forma que quiso salir al "tablao".
No vi a la gente que tenĂ­a a mis espaldas, pero el aplauso que recibiĂł fue extenso.
Con eso me quedo, y con los besos que me daba Ășltimamente cuando me confundĂ­a con mi padre.
A sus hijos que estån por aquí les mando un fuerte beso, y a ella, allå donde esté, mi aplauso sentido para una mujer fuerte, que se marchó ayer con los suyos de allå arriba.
¡Un beso al cielo tita Concha!


MI TÍA CONCHA.


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