Hay muchas cosas que no he olvidado de mi infancia, otras muchas si, pero otras se me han quedado marcadas en el disco duro de mi memoria.
TodavĂa recuerdo esta anĂ©cdota de un SĂĄbado Santo de hace por lo menos 60 años, o mĂĄs.
En la casa donde vivĂa, en la calle JimĂ©nez Becerril (antes Queipo de Llano), yo estaba asomado a la ventana de lo que era el taller de bordado de mi madre, viendo llover a cĂĄntaros, mientras le decĂa a mi madre:
- ¡MamĂĄ, vĂsteme de nazareno que va a salir la Soledad!
- Pero, con la que estĂĄ cayendo, hijo, no creo que vaya a salir.
Entonces, pasĂł mi amigo Francisco, vestido de nazareno, con el capirote en una mano y con el paraguas en la otra.
- ¡MamĂĄ, mamĂĄ, vĂsteme y dame las peladillas que Francisco va para allĂĄ y va a abrir la puerta!
DescampĂł, saliĂł la Soledad, y yo, repartĂ algunas peladillas por el pueblo.
Ah, pero ahora, si le cambias una L por una S, este rico dulce se torna en sueños de mala "follå".
Vaya nochecita la de anoche con la pesadilla de un buen amigo convertido en DrĂĄcula...
¡JoĂ© y cĂłmo le brillaban los colmillos!
¡Madre del Señor!
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario