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26 diciembre 2017

MENUDA INOCENTADA.

Te conociĂł por hacerse el valiente, aunque es de los mĂĄs inocentes que podrĂĄn encontrarse en una vida; te hiciste la suave dĂĄndole la sensaciĂłn que eras la mejor horma para su juventud incontrolada y rebelde; menuda inocentada.
Al poco tiempo empezaste a enfrentarlo con sus padres, si ellos decĂ­an “blanco” tĂș le susurrabas al oĂ­do “negro”; si ellos le decĂ­an “no te juntes con ella que no nos gusta nada”, tĂș lo atraĂ­as para que estuviera cada vez mĂĄs tiempo contigo,dĂĄndole placer. Le estĂĄs adsorbiendo lo mejor de su persona, su alegrĂ­a (cuando no estĂĄs con Ă©l es demasiado desabrido), su simpatĂ­a (sin tĂ­ es agrio y un poco imbĂ©cil), su salud (si no le dices que coma, Ă©l ni come), y hasta has llegado a cambiar su forma de ser, no se conforma con el dinero que le dan en casa (no trabaja siquiera) porque le obligas a salir contigo casi todas las noches y ya han empezado a faltar cosas.
Eres mala, muy mala, eres una verdadera bruja, una bruja que si no lo impiden, o lo convencen para que te olvide, acabarĂĄs con Ă©l, si no lo has hecho ya;  y por ende, terminarĂĄs con sus padres y con su familia, si no los tienes ya muertos en vida.
Te crees que eres una superhĂ©roe, la mĂĄs poderosa (porque puedes con Ă©l y con muchĂ­simos mĂĄs), la protagonista, la heroĂ­na… siiii, eso es lo que eres: heroĂ­na.

Pero realmente, lo que eres en realidad es: una hija de la gran puta, y por eso te venden.

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