Seguidores

03 octubre 2019

SENTIRTE ESPECIAL.

Sentirte especial es una sensación especial (valga la redundancia) que te hace estar bien, que te proyecta hasta espacios exteriores, que te sube la moral, que te hace sentir grande, enorme, diferente, y normalmente no nos sentimos especiales por comprender que lo que hacemos o decimos u obramos es especial, sino porque alguien que tenemos a nuestro lado: padre, madre, familia, amor, amigo/a y algunas veces, las pocas, hijos; nos hacen creer que somos especiales aunque a veces no lo seamos ciertamente.
Cuando esa persona que tienes al lado, sea quien sea, te hace sentir especial, tú desarrollas una capacidad singular para alcanzar un sinfín de metas, una pléyade de proyectos, infinidad de ideas, un sinnúmero de pensamientos e incorporas a tu vida esa necesidad de crear cosas.
No es que quien esté contigo te haga las cosas, pero como te convence de que eres único o única, te atreves, te arriesgas, osas intentar cosas que en la vida ni se te hubieran ocurrido hacer.
Pero como todo en esta vida no es bonito, ni eterno, ni sin problemas, está el "yang" de sentirte especial, la otra cara de la moneda, la arena, la parte negra...
"Lo peor del mundo es cuando alguien te hace sentir especial, y de repente, te deja de lado sin explicación y sin ni siquiera pedir perdón; entonces...
No tienes más remedio que actuar como si no te importase en absoluto".
La mayoría de los grandes logros de los seres humanos se hacen realidad porque siempre hay alguien al lado de quien lo logra que en algún momento de su vida lo hizo sentir especial.
Deberíamos hacer lo posible para que la gente que nos rodea tenga esa sensación de sentirse especial, y eso está en nosotros.


REGALOS DE CORAZÓN.

¿Cuántos regalos se pueden hacer en este mundo?
¿Cuántos regalos nos pueden regalar en nuestra vida?
¿Cuántas cosas nos regalan o regalamos?
Y ahora con Amazón...
Hay regalos físicos y regalos sentimentales, hay regalos pobres económicamente y ricos; hay regalos de compromiso, para cumplir, hay regalos con gestos, con acciones, con sentimientos y sencillamente con una mirada.
¿Puede haber un regalo más bonito que ese dibujo que te hace tu hijo cuando empieza a emborronar los papeles con los colores, y que pone arriba una flecha dirigida al dibujo, con un letrero que dice "PAPI"?
Creo que no hay un regalo más precioso.
Pero si que existe un regalo más importante, más difícil que te lo regalen y de que lo regales, más complicado de explicar, y que sin embargo, hay personas que lo hacen, yo diría que bastantes, aunque la mayoría no hagamos caso a eso.
Hay buenas personas que regalan su corazón y algunas hasta su vida a los demás, y eso amigos míos es lo más importante que hay en la vida.
Pero a los y las que tienen la delicadeza, el valor, la empatía, la sinceridad de regalar su corazón a otro, es necesario que tengan siempre presente, aunque no les sirva para nada ni les hagan caso a esta sentencia:
"Es inútil regalar corazón y alma a aquellos/as que no tienen tiempo de abrir los regalos".
Pero como digo muchas veces, eso no se puede remediar; "El que nace lechón, muere cochino". (Por favor que nadie se sienta mal por este refrán)


LA ALQUIMIA Y EL AMOR.

Estamos de acuerdo que todo lo que está vivo en este mundo, es un compendio de reacciones químicas, una detrás de otra, sucesivas, entrelazadas, con miles de ramificaciones, empezando por la concepción y terminado por la descomposición después del óbito, la digestión, el crecimiento, el cerebro, e incluso el amor.
Siempre he creído que eso de la química del amor es un sentimiento un poco absurdo; una persona, la primera vez que la ves, o te gusta físicamente o no te gusta, y a partir de ahí comienza el resto.
Es muy difícil, diría que casi imposible, que sin esa atracción primigenia, se pueda desarrollar un amor; aunque ese amor, si se desarrolla sin esa atracción, sea probablemente más real y sincero que si esa "química" primaria abre con una sola mirada, la caja de "JUEGO DE QUÍMICA CHEMINOVA".
Los efectos químicos se van diluyendo progresivamente con el paso de los años si no se alimenta continuamente ese experimento llamado enamoramiento; a diario se van añadiendo al matraz una cantidad ingente de ingredientes que modifican el resultado de ese amor; y que es muy difícil que ese amor sea longevo si cada uno no aguanta un poco los defectos y dificultades del otro, no todo es de color de rosa, aunque sea el color que salió del primer experimento del "cheminova".
Decía el sabio, bueno, no se si era sabio, o simplemente no se si era...
"Deshazte de quien duda de ti, únete a quien te valore, libérate de quien te estorbe y ama a quien te soporte.
Así lo creo, y así lo escribo.

PAREJAS Y MESAS.

Se me viene hoy a la memoria mi gran amigo Gillermo Gutiérrez q.e.p.d., un tío muy especial en todos los sentidos, pero lo cierto y verdad, como he dicho tantas veces, es que quien no lo trató a fondo, en serio, nunca lo conoció; como siempre advierto, el exterior es una cosa y lo otro, otra; inventor del "rebujito" hace muchos, muchos años, aunque por aquellos tiempos lo tacharan de loco...
En fin, ya hace tiempo que nos dejó y le mando un fuerte abrazo donde esté.
Me he venido a referir a Guillermo porque siempre me decía que una pareja era igual que una mesa de comedor o de cocina.
La pareja, al igual que la mesa, tiene cuatro patas que la sustentan, a saber:
El amor, el respeto, el sexo y el dinero.
Si una de estas cuatro patas falla, la pareja seguramente se mantendrá de pie con las otras tres, que también son importantes: Amor, respeto y sexo; amor, dinero y sexo; respeto sexo y dinero; y así podríamos hacer todas las combinaciones posibles.
Pero ojo, si fallan dos o más patas, la pareja se va al garete; y si no, haced las composiciones que creáis oportunas.
Aunque haya frases tan esclarecedoras como...
"Una relación sin amor, es como un móvil sin saldo, solo sirve para jugar"
Lo cierto y verdad es que, a veces, hay que renunciar a personas, no porque no te importen, que sería en concreto la mesa, sino porque tú no les importas o nunca le importaste a ellas.
l

02 octubre 2019

HAY COSAS QUE NO VUELVEN.

Hay muchas cosas, que una vez que pasan o se van, jamás vuelven; en algunas ocasiones se pueden revolver contra tí, pero volver, lo que se dice volver, jamás.
Como ejemplo me podría referir a una bala disparada; parece mentira que se dispare tan fácilmente una bala hacia una persona, sabiendo que una vez que el proyectil salga del cañón de la pistola, nunca va a tener retorno.
Lo mismo pasa con las palabras, una vez que decides pronunciar alguna frase en presencia de alguien, esas palabras dichas no tienen vuelta.
Si desaprovechas una ocasión en cualquiera de sus versiones: amorosa, económica, médica, negocios, amistad, esa ocasión, seguramente no vas a tener la oportunidad de catarla de nuevo.
Si dejas pasar el tiempo, desaprovechando cada segundo de los millones que te ha regalado la vida para que los disfrutes y los vivas lo más feliz posible; ese, ese tampoco lo vas a ver más; ah, y cuanto más mayor, más rápido se esfuma.
Incluso quien nos dejó para siempre, tampoco tiene de momento la capacidad de volver físicamente, aunque creamos y aunque sintamos que siempre están en nuestro corazón.
Pero una de esas cosas que a veces vuelve, quizá por arrepentimiento, quizá por haberlo "pensado mejor", es el amor; hay parejas que se rompieron y que un tiempo después lo han intentado de nuevo creyendo que todavía había un rescoldo encendido en lo más profundo de su corazón, pero alguien me dijo alguna vez que:
"En el momento en que te detienes a pensar si quieres o no a alguien, ya has dejado de quererlo o quererla para siempre".
Pues eso.


GUSTAR O VALER.

No sé si debería llamarlo literalmente:
"La paradoja del gustar y del valer"
Porque intrínsecamente parece que así sea, o si no analizad conmigo.
En cualquier tipo de relación, ya sea amorosa, paternal, maternal, filial, laboral, musical, deportiva, política, y un millar de etcéteras más, el o la que más vale es el que gusta menos; por ende, normalmente, el o la que gusta más es quien menos vale, habiendo en todo ello honrosas excepciones, pero de esos "cocos" que gusten y además valgan mucho, más bien pocos.
Si a una persona se le declina la alternativa de tratarla o incluso de enamorarte, por el simple hecho de que no te gusta en el momento en el que la conoces, posiblemente te estés perdiendo una muy buena pareja, un muy buen amigo o una excelente compañera; ahora bien, si te entregas enteramente hacia alguien porque su aspecto te gusta, o te atrae, quizás te equivoques de por vida.
Decía un estudio que leí un día, que la persona que gusta no necesita esforzarse para atraer a los demás, la que no gusta en cambio, debe utilizar toda su valía para hacerlo, y todos sabemos que: el uso diario de una cosa difícil, demuestra el secreto de su fácil ejecución.
Lo ideal, como todo en esta vida, es el equilibrio, ese tan denostado y olvidado en estos días tan negros para la convivencia; el equilibrio que determinaba el arriero de cómo  quería a su animal de carga: Ni ¡Soooo! que pare, ni ¡Arreee! que trote.
Mas lo peor de todo esto, es que normalmente valoramos a quien no vale la pena, y por el contrario lastimamos a quien lo da todo por nosotros; y eso amigos/as míos/as no es equilibrio, eso es una verdadera estupidez.

CRIADAS.

La criada, aparte de ser una pala que se utilizaba para golpear a la ropa, especialmente a la más gorda, para poder lavarla mejor, es, o ha sido hasta hace poco una sirvienta.
Pero no siempre ha sido así; criada/o es un derivado del verbo criar, y ha significado desde un hijo o discípulo, a un vasallo educado en casa de su señor, y por ello se aplica este nombre a los sirvientes o sirvientas.
Las hijas, toda vez que eran criadas en casa de sus padres, trabajaban haciendo las labores de las viviendas; más adelante, estas chicas, todavía muy pequeñas, iban a casonas de los señores para hacer estas labores, siendo pagadas con comida, ropa, cama y techo para dormir; o sea, como si se estuvieran criando en  su propio domicilio.
A las antiguas criadas (se me viene a la memoria Gracita Morales), no se les dio el lugar que muchas de ellas merecían, tanto en el cuidado de los niños de la casa de los señores (a los que la mayoría casi criaban), como en la integración en la familia siendo una más de ellos; eso sí, cada uno en su lado.
Hoy en día no se usa mucho eso de criada, más bien nos referimos a: sirvienta, asistenta, doncella, doméstica; y la mayoría la apellidamos, la chica que está en casa.
Lo curioso de este artículo para mí, es que en un principio, la criada, era la pequeña que iba a servir a la capital y era criada(de criar) por la familia a la que servía; y ahora, la criada es una señora que se dedica, esencialmente a criar a los hijos de los señores para que esos trabajen. 
Curiosa paradoja que ocurre con esta palabra; por cierto, conocí a algunas "criadas" que tenían un aguante...
Y si no que le pregunten a Remedios. (Besos a donde esté).

Buscar este blog