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31 julio 2023

PÁMPANO.

Es una palabra que proviene del latín: "pampinus" con el mismo significado, y es un préstamo de una antigua lengua mediterránea.
Su significado viene al pelo para los chicos y las chicas que les seduce la política con menos de 18 años, se adentran en ella, y ya no vuelven ni a estudiar ni a trabajar, sólo política.
Estos son los pámpanos de la política, y aunque no os lo creáis, hay muchos y muchas.
El pámpano según la RAE tiene varias acepciones, por ejemplo...
- Sarmiento verde, tierno y delgado, o pimpollo de la vid.
- Pámpana, hoja de la vid.
El vinicultor, siembra la vid, y cuando empiezan a brotar los pámpanos los va adecuando a los intereses del vinicultor; una rama en parra, una cepa corta, una cepa larga, etc.
Depende del vinicultor así irá creciendo el pámpano.
Pero...
Hay pámpanos que crecen mal, mal guiados, mal podados, o mal cuidados, y ¡qué pasa?
Pues que el pámpano crece tan retorcido que no se puede ni acceder al fruto para recogerlo y ponerlo en la mesa o hacerlo un buen vino.
Pues eso mismo.

Foto extraída de la página "educalindo"



CORDEROS.

La cosa se está poniendo mal para los mansos. ¡Coño si se está poniendo mal!
Pero más que nada, está mal porque cada vez la gente está más soliviantada, más agitada, más alterada.
La falta de personal en algunas ocasiones, la falta de educación en otras, la falta de ganas de trabajar en otras, hacen que el usuario de cualquier tipo de actividad se busque la vida para seguir adelante:
Unas formando el lío más grande en cualquier sitio para que le echen cuenta, otros utilizando, incluso la violencia para acceder a sus necesidades, y la mayoría aprovechándose de la humildad de los corderos; estos que van, o vamos,  a todos lados con educación, pidiendo las cosas por favor, guardando respetuosamente las colas, cediendo el espacio en los atascos de coches circulando por donde corresponda, los que dan las gracias, las buenas tardes, los buenos días, en fin, los de siempre.
Estos y estas, a veces, son vejados por los funcionarios, los dependientes, o la gente que "sirve" dando prioridad a los otros, por miedo, por no buscarse problemas, por no tener altercados, o simplemente porque les caen mejor los "malotes".
Hay muchas asociaciones con muchas siglas, por ejemplo: AMPA, colectivo LGTBI, mujeres maltratadas, en fin, un sinfín de asociaciones, CAS Personas mayores, etc.
Yo crearía una nueva asociación que llamaría: ACHHU
¡Asociación de corderos hasta los huevos!
Con esta asociación constituida, se instruiría a los asociados para su transformación progresiva en todos los ámbitos, también en el político.
En la asociación nos enseñarán a levantarnos hasta que los corderos se conviertan en leones.
Ya es hora de desterrar para siempre el título de la novela de Thomas Harris de 1988...
"El silencio de los corderos".
¡NO MÁS SILENCIOS, ya está bien!


Foto de mi amiga Juani Mora. (Río Guadiamar, Sanlúcar la Mayor)

28 julio 2023

LOCUELA.

Tengo muchas amigas que son locuelas.
En si mismo, todas las mujeres, de alguna manera, son locuelas, si no en una, en las dos acepciones; no así los hombres que solo pueden ser locuelos.
Cada día que pasa me asombro más de la cantidad de palabras homófonas (suenan igual pero son cosas diferentes) que hay en nuestro diccionario.
Una mujer locuela, según la RAE es:
Niña o joven que se comporta de manera viva y atolondrada.
Yo añadiría a las mujeres que se ríen a cada momento, que hacen oídos sordos al dolor, a las trampas que les pone la vida, y siguen adelante con buen talante.
También voy a sumar (y no es su homófona política) a las mujeres que no pierden ese buen talante nunca.
Simpáticas, agradables, sinceras, coquetas, arriesgadas, emprendedoras; y, además están la:
Locuela al cuadrado.
Locuela es la mujer que he definido antes, y locuela, es también, el modo y tono particular de hablar de cada persona, según la segunda acepción de la RAE.
¡Hay que ver!

Foto de mi amiga Juani Mora.


27 julio 2023

¡AY!

Mi cama no tiene patas, tiene un canapé, hace falta sitio para guardar cosas y en un canapé caben muchas.
Pues ni por esas me libro.
Me acabo de dar un “piñazo” en los dedos pequeños del pie con la esquina de la parte del suelo del canapé, y ha sonado como un crujido acompañado de una punzada, que me he temido lo peor.
¡Ya me he partido un dedo, o dos, o quién sabe!
¡Qué dolor más agudo por Dios!
O tengo los pies demasiado grandes, o los muebles son extremadamente anchos.
En la pata del sofá, ¡Pum!
En la pata de la silla, ¡Pum!
En el sostén de la encimera, ¡Pum!
Todo eso lo entiendo, lo comprendo y lo asumo; son patas que están por ahí pululando, y como veo poco, y además como soy cariñoso, de vez en cuando, me gusta darle un beso a mis "patas bonitas". ¡Joeee!
Coñe...
¿Pero en un canapé que no tiene patas sino un tablero desde la cama al suelo cómo es posible?
Será la edad, o imán que tienen mis dedos para con los muebles.
Por suerte se ha pasado el dolor, parece que no hay nada roto.


Preciosa foto de mi amiga Juani Mora.


VIDEOJUEGOS CON INTELIGENCIA NATURAL.

No sé si los niños de cuando yo era chicos eran más sanos que los de ahora, no sé si crecimos más fuertes o más débiles, más listos o más torpes, no sé si comíamos mejor o peor, lo que si es seguro es que menos, pero creo que no peor.
Pero lo que si es seguro es que teníamos unos vídeo-juegos superiores a los que hoy en día tienen los niños instalados en su móvil.
Videojuegos con inteligencia natural, no artificial, como los de hoy.
En la Farmacia Rossi, donde pasé mi infancia, en cuanto entrábamos, la mayoría de las veces, por el mismo despacho de la farmacia, se encendía el video juego.
Íbamos pasando etapa tras etapa, ventana tras ventana, por ese laberinto de habitaciones, jardines, patios, corrales, piscina y cochera que componían la farmacia.
Éramos muchos jugadores, y también familiares.
Podíamos leer, tocar la guitarra o el piano, merendar batido y sobaos en los descansos de los guerreros, hacer experimentos químicos, obras de teatro, circos equilibristas, cabañas en los árboles, nadar en la piscina, tocar en un conjunto musical; en fin, un árbol de niveles a los que accedíamos durante el día.
Y os preguntaréis....
¿Cómo era el "game over" del juego?
Pues muy fácil, cuando llegaba el padre de mi amigo Enrique y decía:
¡Cada mochuelo a su olivo!
¡Ea, "Po "tos" "pa" casa"!
Bendita farmacia de Rossi y su familia.

Río Guadiamar a su paso por mi pueblo.




CUBOS.

La primera vez que mis carnes blancas (no morenas) le tomaron el gusto a una piscina, fue ya "mayorcete", con seis o siete años.
Fue por obra y gracia de la madre de mi buen amigo Enrique Sánchez.
Todos los chavales, que por aquel entonces íbamos a la Farmacia a jugar, leer, entretenernos, y en suma, a aprender, se bañaban en la piscina.
María Isabel, (madre de Enrique, fallecida hace poco), abogó ante mi padre para que me dejara bañarme.
En aquella época aprendí a nadar, bueno, como pude y Dios lo permitió, y me sigo defendiendo.
Recuerdo que José María, primo de Enrique, se hacía todas las mañanas ¡Tres kilómetros nadando! en una piscina de seis u ocho metros, infinitos largos.
Por aquellos años, mi piscina, y la de mis hermanos, era un lebrillo de barro, que nos parecía gigantesco y que se ubicaba en el corredor del "soberao (sobrado)" en el que vivíamos por aquel entonces.
Ese lebrillo lo colmaba mi santa madre con un cubo de zinc que llenaba en el grifo de la concina.
Eran cuatro o cinco cubos, pero lo que si no se me olvida es que el último cubo, lo calentaba en la candela de carbón de la cocina, donde hacía de comer, para que sus hijos no sintieran mucho frío al meterse en su piscina particular.
¡Como una madre no hay "ná"!
Y como un buen amigo tampoco.
Ah, y el cubo también servía para después de bañarnos, y lavarnos con jabón, enjuagarnos con el agua del lebrillo. ¡Ay la vida! Cuántas experiencias.


Foto extraída de la página "Mil anuncios"



24 julio 2023

TIROCINIO.

Todos hemos vivido alguna vez un tirocinio.
Más bien, diría yo, que vivimos constantemente en un tirocinio.
Desde que nacemos, que si hablar, andar, comer, guardería, colegio, instituto, universidad, trabajo, pareja, sexo, hijos, siempre, creo que siempre estamos en un tirocinio.
Algunos tirocinios son muy bruscos, de golpe, abruptos; otros son más livianos o agradables.
Los tirocinios procedentes de decepciones, traiciones, o ataques son los más difíciles de sobrellevar.
La RAE dice que un tirocinio es un aprendizaje o un noviciado.
Pero yo digo, o afirmo, que la vida es un continuo tirocinio.
Cada día que pasa se es novato en una cosa, en un sentimiento, en una experiencia, por lo que nadie deja de aprender, de ser novato en las cosas que le pasan.
Y lo peor de todo es que los que dan novatadas, son los más novatos, los que no han sabido aprender que todos hemos sido, somos, y seremos novatos o novatas.

Foto de mi amiga Juani Mora.



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