Los que frisamos mi edad, o la han rebasado, tenemos una memoria muy despierta, siempre recordando cosas buenas, regulares y malas.
En nuestra memoria se representan, a menudo, recuerdos que son para nosotros inolvidables; recuerdos de nuestra infancia, de nuestra niñez, de nuestra juventud, y también, por qué no, de nuestra madurez.
Si hay alguna foto de aquel tiempo, seguro que no hace justicia a lo que nuestra memoria evoca una y otra vez.
Y hay otras cosas de las que no hay fotos pero que siguen latentes en nuestro recuerdo.
También hay fotos, en las que apareces, pero que maldita sea mi memoria, no recuerdas nada de ellas.
Todo el mundo de mi familia me recordaba un caballo de cartón que me trajeron los Reyes y en el que estoy fotografiado de pequeño e incluso que dormía encima de él, mi verdad, es que no lo recuerdo; ahora si, de un bólido gigante de plástico amarillo, de ese sí me acuerdo perfectamente. Tengo un montón de fotos del concierto de Paul McCartney en Madrid 2 de Junio de 2016, ni de coña pueden revivir esos recuerdos como yo los vivo en mi memoria.
Pues como eso todo.
Hagamos un ejercicio de memoria, en estos días, para obviar las fotos que tenemos y que estamos hartos de ver, y recordar momentos, que seguro que están, pero que nadan en la infinita pereza de nuestra memoria.
Porque, al fin y a la postre, las fotos son bonitas, pero colaboran fehacientemente con la pereza de nuestra memoria.
¡Despertémosla un poco!

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