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05 agosto 2013

NO ME PERSIGAS MÁS.

Eres, como si fueras la protagonista de una pelĂ­cula de Alfred Hitchcock,  me persigues desde que tengo uso de razĂłn. Siento tu presencia a mi lado, como una espĂ­a furtiva, que quiere enterarse de todo lo que me ocurre, de todo lo que siento, de todo lo que vivo; el eco de tu respiraciĂłn, tintinea continuamente en mis oĂ­dos; presiento tus pasos que me acosan sin tregua.
Solo me siento seguro, y casi puedo evadirme de ti, cuando estoy en casa, con las luces apagadas, tapado hasta las cejas con la sĂĄbana y protegido por un techo seguro.
En la calle, es otro cantar; en cuanto salgo a la puerta, ya estĂĄs detrĂĄs mia, como un perrito faldero, hostigĂĄndome con tu oscuro aliento y me es imposible despegarme de ti.
Sé, que no tiene remedio; que seré tu prisionero hasta abandonar este mundo; día a día (como la película de la marmota), apareces tras de mí, y así continuamente.
Eso sí, al empezar a brillar la luna, es difícil encontrarte a mi alrededor, te difuminas, porque no eres un animal nocturno; también en los días de tormenta y lluvia, te arredras con el agua, y te escondes como un vil ladronzuelo; entonces, solo entonces, me siento liberado de ti, aunque sea solo por unas horas. No obstante, y pensåndolo bien, tampoco estå mal tu compañía; no queda otra.
Que Astarté vele por vuestro día, para que una maldita sombra no lo oscurezca demasiado.

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