Érase una mujer harta del mal café. Si se hervía el café molido directamente en el agua, ( café de "pucherete")se vertía luego en una taza, esperando que el poso quedara en el fondo. Pero cada sorbo traía parte de residuos amargos.
Otros pasaban agua hirviendo una y otra vez para purificar hasta que sabía el café a quemado.
Otros probaban filtros de tela , imposibles de limpiar.
Otros filtros metálicos, que dejaban pasar casi todo.
Un día, en Dresde (Alemania) en 1908, una mujer de 35 años tuvo una idea...
¿Qué filtraría mejor de su casa?
Su mirada se posó en el cuaderno de su hijo, más exactamente, en el papel secante para la tinta.
En una pequeña cafetera de latón hizo agujeros con un clavo, colocó un trozo de ese papel sobre los agujeros, añadió café molido, y vertió agua caliente encima.
Salió un café suave, perfectamente infusionado.
Melitta Bentz se presentó en la Oficina Imperial de Patentes, quedando registrada la cafetera Melita el 20 de junio de 1908.
Después habría modificaciones, pero junto con su marido Hugo, y sus hijos, instauró el mayor imperio del café.
Melitta murió en 1950.

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