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18 junio 2018

AGUAS TEMPLADAS.

Sentado en la orilla del mar, o la mar, como dirĂ­a Alberti, observo paciente los rizos de espuma que cabalgan en sus olas.
Aguas templadas, que recogen como madre inmensa, a sus hijas que peregrinan por los surcos de los rĂ­os, o a  sus hijas que emanan de los bloques nĂ­veos de los polos. Inmensa y hĂșmeda urbe, donde conviven millones de especies en armonĂ­a.
Aguas templadas, que vienen a besarte los pies, cuando vas a saludarlas, pero siempre se arrepienten de quedarse contigo, y vuelven hacia atrĂĄs llevĂĄndose  el suelo en el que pisas.
Aguas templadas, que  han sido tierra, para recibir a los que partieron convirtiĂ©ndose en ceniza; corrientes que acogieron a los que tuvieron que abandonar a sus familias para salir a buscarse el pan y que durmieron para siempre acurrucados en sus olas.
Aguas templadas, donde surgiĂł la vida en este mundo, ahĂ­ estĂĄn: la mĂĄs grande, el mĂĄs pequeño, el mĂĄs asesino, el mĂĄs inteligente, el mĂĄs colorista, el mĂĄs inerte, y el ser humano……..
Aguas templadas, que por desgracia, se inundan cada vez mĂĄs de cochambre que producimos sin control, al libre albedrĂ­o; y que colorean con tintes de muerte, el burbujeo constante de la pleamar y la bajamar.
Aguas templadas, que imploran a los humanos con su llanto pausado de vaivĂ©n; con sus salados besos y sus hĂșmedas sonrisas, un poco de gentileza a la hora de convivir con su inmensidad.
Que PoseidĂłn vele por vuestro dĂ­a, y que el canto de las sirenas amenice vuestros avatares diarios con una mĂșsica de esperanza.



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