Ella era la Ășnica de mis cuatro progenitores natural de mi pueblo, otros dos eran de Osuna y uno valenciano.
Mi abuela Concha era una mujer afable, risueña y encantadora, y ademĂĄs era muy divertida; tengo multitud de anĂ©cdotas de su vida, muchos "palabros" que se inventaba para llamar a las cosas nuevas con las que no se habĂa criado. Por ejemplo, nunca fue capaz de decir frigorĂfico, ella mantenĂa su precioso y fresco pozo y su enorme cubo para refrescar los alimentos, el vino y el agua, incluso teniendo la nevera de nieve, al frigorĂfico siempre lo apellidĂł: "el frĂo".
En tiempos de la post contienda entre hermanos hace casi ochenta años, las cartillas de racionamiento hacĂan su agosto; cada familia tenĂa un pan para todo el dĂa; ese pan que se comiĂł una mañana mi padre, Ă©l solo, encima de un montĂłn de leña con su tunda correspondiente despuĂ©s. La madre de mi abuela Concha siempre pedĂa que le dieran el "pan blanco", no del hecho con salvado, ni con avena, ni con centeno, ella querĂa harina blanca, y de ahĂ el mote de mi bisabuela y de mi abuela posteriormente.
Lamentablemente, hay todavĂa personas mayores que mantienen esa tradiciĂłn, pero hoy en dĂa, pedir ese pan, es hasta dañino para nuestro organismo.
En el sĂșper, hay ancianas que compran esas ofertas de panes por un euro-cinco, y cuando se los van a embolsar les dicen a la dependienta:
A mi me lo pones" blanquito", que me gusta mĂĄs.
Ese pan, no es el pan blanco de tiempos de mi abuela; ese pan estĂĄ hecho con una levadura rĂĄpida, con blanqueadores quĂmicos, sin recentar la masa, por lo que fermenta en tu estĂłmago, y si ademĂĄs, lo pides casi sin hornear para que estĂ© blanco, te estĂĄs comiendo un veneno para tu cuerpo.
Pero claro, es el mĂĄs barato.
Lo cierto y verdad es que no es lo mismo un pan blanco de hace ochenta años a lo que hoy conocemos como pan blanco, como pasa con casi todos los alimentos.
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