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20 marzo 2019

TRAPOS SUCIOS.


Hace ya más un lustro que mis dos hijos Fran y Jesús Bou iniciaron su andadura en el Carnaval de Cádiz en su ciudad, con la melodía de Nacho Márquez y con letras, la mayoría de Fran y alguna de Jesús, y bajo la dirección de ambos al alimón, se estrenaron con la comparsa de este nombre “TRAPOS SUCIOS”.
Meses de ensayo, discusiones, mucho trabajo, muchos sinsabores, nervios, deserciones y fichajes exprés, y la alegría y el orgullo del reto conseguido, mereció la pena todo lo padecido.
El tipo era unos andrajos confeccionados por madres de los componentes, retales que configuraban el traje, y asentados en un callejón donde la suciedad impregnaba las ropas.
Se me ha venido a la memoria el nombre de esta comparsa por las misivas que se regalan diariamente, a cada hora, unos impresentables que se dedican a hacer campaña aireando los trapos sucios de los demás.
¿Por qué no abanderan sus campañas con sus paños blancos e impolutos?
¿Por qué no enseñan sus banderas limpias y dejan los trapos sucios de otros?
¿A lo mejor es que hay pocas enseñas inmaculadas que mostrar?
Dentro del panorama político de nuestro país y sus “autonosuyas” (como las bautizaría Fernando Vizcaíno Casas en el guion de la película de Rafael Gil-1984) hay muy pocos, o más bien ninguno, que lleve a cabo una compra masiva de electrodomésticos aunque sean con un golpecito, con una maca,que son más baratos.
El principal problema de este país es que hay montañas, y montañas, y montañas de trapos sucios, muchos todavía encubiertos por las alfombras de la desinformación y, por desgracia muy poquísimas lavadoras.
Y así nos va.





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