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23 julio 2020

SI VES UNA FLOR...

Las flores no son estĂșpidas, cuando estĂĄn bellas, como estas amapolas tan estupendamente fotografiadas por mi amiga Bego SĂĄnchez, son: elatas, guapas, altivas; bajan la vista al suelo y observan su talle esbelto, su precioso cuerpo verde, pistilo delicioso, filamentos cual notas musicales volando al viento, sin aroma, aunque Kenzo lo proclame como esencia de amapola; destellos, tornasoles amarillos, naranjas, rojos, granates, sangre de toro, y cuasi negro dependiendo de la hora en la que disfrutemos de su presencia.
La amapola, como todas las flores, si pudiera pensar, si pudieran hablar...
Se preguntarĂ­a cuĂĄnto tiempo habrĂĄ tenido que pasar para encontrarse como estĂĄ ahora mismo de bella.
Le darĂ­a gracias a Dios por crearla, gracias al cielo por su lluvia, por su sol, gracias a los animales por su abono, al rocĂ­o de la mañana por su frescor, a la suave brisa por acariciarla cada atardecer, y sobre todo, gracias al jardinero, ese que la cuida con amor, que la libra de las enfermedades, que retira de su alrededor a las malas yerbas "malas compañas", que si en algĂșn momento se ha torcido ha intentado enderezar su cuerpo para que no cayera al suelo; y si ha llegado a caer, la ha recogido con cariño del piso y la he levantado de nuevo.
Pero las flores, hasta donde yo se, no son inteligentes, no tienen cerebro, no pueden pensar y, por supuesto, no pueden hablar.
Los hijos y las hijas, cuando tienen una edad, sĂ­ piensan, sĂ­ discurren, sĂ­ tienen la capacidad de hablar.
Son inteligentes, dueños de su destino, independientes de pensamiento, y con un brío que se evapora ya en los mayores y que les hace diferentes.
Se miran de arriba abajo frente al espejo cuando se duchan, o se asean, tienen sus pies, sus piernas, su cuerpo, sus brazos y sus manos, su cabeza; y dentro de ella: la educación recibida, las enseñanzas de los que estuvieron a su lado desde el principio, el olfato, el gusto, la vista, el tacto, el oído; y ademås de eso, muchos y muchas se sienten admirados y se vanaglorian, se sienten felices y disfrutan con ello.
Por eso...
"Cada vez que admires una flor piensa el tiempo que ha tenido que pasar para estar tan bella y quien la cuidĂł para que hermoseara tanto.





Preciosa fotografĂ­a de mi amiga Bego SĂĄnchez que me autoriza a utilizarla.



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