Las flores no son estúpidas, cuando están bellas, como estas amapolas tan estupendamente fotografiadas por mi amiga Bego Sánchez, son: elatas, guapas, altivas; bajan la vista al suelo y observan su talle esbelto, su precioso cuerpo verde, pistilo delicioso, filamentos cual notas musicales volando al viento, sin aroma, aunque Kenzo lo proclame como esencia de amapola; destellos, tornasoles amarillos, naranjas, rojos, granates, sangre de toro, y cuasi negro dependiendo de la hora en la que disfrutemos de su presencia.
La amapola, como todas las flores, si pudiera pensar, si pudieran hablar...
Se preguntaría cuánto tiempo habrá tenido que pasar para encontrarse como está ahora mismo de bella.
Le daría gracias a Dios por crearla, gracias al cielo por su lluvia, por su sol, gracias a los animales por su abono, al rocío de la mañana por su frescor, a la suave brisa por acariciarla cada atardecer, y sobre todo, gracias al jardinero, ese que la cuida con amor, que la libra de las enfermedades, que retira de su alrededor a las malas yerbas "malas compañas", que si en algún momento se ha torcido ha intentado enderezar su cuerpo para que no cayera al suelo; y si ha llegado a caer, la ha recogido con cariño del piso y la he levantado de nuevo.
Pero las flores, hasta donde yo se, no son inteligentes, no tienen cerebro, no pueden pensar y, por supuesto, no pueden hablar.
Los hijos y las hijas, cuando tienen una edad, sí piensan, sí discurren, sí tienen la capacidad de hablar.
Son inteligentes, dueños de su destino, independientes de pensamiento, y con un brío que se evapora ya en los mayores y que les hace diferentes.
Se miran de arriba abajo frente al espejo cuando se duchan, o se asean, tienen sus pies, sus piernas, su cuerpo, sus brazos y sus manos, su cabeza; y dentro de ella: la educación recibida, las enseñanzas de los que estuvieron a su lado desde el principio, el olfato, el gusto, la vista, el tacto, el oído; y además de eso, muchos y muchas se sienten admirados y se vanaglorian, se sienten felices y disfrutan con ello.
Por eso...
"Cada vez que admires una flor piensa el tiempo que ha tenido que pasar para estar tan bella y quien la cuidó para que hermoseara tanto.
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Preciosa fotografía de mi amiga Bego Sánchez que me autoriza a utilizarla. |
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