Hoy tenía previsto una entrada sobre el destino, hace unos días, el pasado sábado hablé precisamente de el en VICTORIAS Y DERROTAS, y ayer quiso el destino que con 60 años se acabara para siempre el periplo por este mundo de unos de los mejores futbolistas de la historia. D.E.P. Diego Armando Maradona Franco.
Y hablando del destino, no hace mucho estuve viendo un reportaje de la vida del jugador de la NBA chino Yao Ming, un muchachito de 2,29 metros de altura y que ahora debe de pesar allá por los 160 kilitos de nada.
El destino quiso que un jugador procedente de esa China hermética pudiera salir para, en 2002, fichar por la NBA; jugó solo ocho temporadas, ya que sus pies y tobillos le daban demasiados disgustos con sus roturas, por lo que en 2011 anunció definitivamente su retirada del baloncesto.
Actualmente es presidente de la federación china de ese deporte.
En una de las imágenes, que es la que me ha inspirado esta entrada, aparece junto a Yao Ming, que por aquel entonces jugaba en los Houston Rockers, un joven Koby Brian, dos años mayor que el y que por aquellos tiempos jugaba en Los Ángeles Lakers junto a Shaquille O´Neal.
Ambos estaban sonrientes, y saludándose al final del partido, sin esperar de ninguna forma lo que les depararía el destino.
Ming, se tuvo que retirar de las canchas con treinta años, Brian lo hizo con treinta y ocho después de ser un hombre récord, ganándolo todo.
Al final echó a volar (y no es una burda broma) con 41 cumplidos hace menos de un año.
El destino es tan caprichoso como la puñetera vida, nunca sabemos qué nos va a deparar, ni a dónde nos va a llevar; creemos que..., suponemos que..., imaginamos que..., y al final pasa lo que tiene que pasar, ocurre lo que tiene que ocurrir y mientras nosotros... discutiendo, enfrentándonos, pegándonos e incluso matándonos.
¿Todavía no nos enteramos que al final de la partida, desde el rey al peón, desde el blanco al negro, todos vamos a la misma caja?
Pues eso.
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