No obligues a nadie a quererte, mejor oblígalo a irse. Quien insista en quedarse, es quien realmente te quiere. Siempre seremos para alguien, la persona correcta que conocieron en el momento equivocado.

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22 febrero 2018

EL TRANSPLANTE.

Ayer, después de un año y pico, he tenido que volver con mi madre al ala de nefrología del hospital Virgen del Rocío; al ser una operación leve, no le dieron habitación, y estuvimos en un salón-puente con unas cinco camas; había dos personas a las que les habían instalado un catéter de primera puesta; a otro lo prepararon para la diálisis  peritoneal, a mi madre le arreglaron el suyo; y había frente a la cama de mi madre, un chaval que esperaba para ser transplantado de riñón.
Aparte de agradecer a las personas que aquí trabajan su amabilidad, su dedicación, y su profesionalidad (estos y estas también son funcionarios como los del programa de la sexta) me quiero parar un poco en la cara del chico que estaba en la cama de enfrente.
Desde las ocho de la mañana que entró, esperaba su nuevo riñón; le contestó a la enfermera que no orinaba, le afeitaron el sitio para el transplante, le inyectaron antibióticos y antiinflamatorios; él se limitaba a utilizar el teléfono, dando las gracias a todo el que llamaba, y con una contestación que se hacía repetitiva: espero que todo salga bien.
Pasaron las horas y la cara del muchacho se mutaba a veces de miedo, a veces de preocupación, a veces de ilusión y pocas veces de alegría; la espera fue larga, cinco o seis horas que supongo le parecerían inteminables; pero todo se da por bueno para poder volver a orinar. La mirada de esos padres impacientes, preocupados y atemorizados tampoco se me ha de la cabeza tan fácil; supongo que a quien tenga hijos le pasaría lo mismo.
Casi a la hora de comer, lo llevaron a quirófano; otro equipo de magníficos profesionales (también funcionarios) devolvieron de nuevo la vida a su sistema urinario; todo importa, todo influye, todo cuenta a favor; pero lo más importante ha sido: ese hombre o esa mujer, ese chico o esa chica, ese niño o esa niña, ese familiar, o esos padres que en su momento han tenido a bien ceder un riñon a este chaval para que por lo menos intente hacer una vida casi normal. 
Supongo que habrá pasado a una sala inmunizada después de la intervención, espero que le vaya bien.
Desde aquí os conmino a haceros donantes de órganos, yo ya lo hice hace tiempo, aunque a mi madre le sea imposible recibir un transplante; y por supuesto me quito el sombrero por los donantes intervivos, para ello hay que ser muy valiente.

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