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20 noviembre 2018

FAR WEST.


He visto una película de “pistoleros”; bueno, en la tele, porque a diario el far west se hace presente en cualquiera de los resquicios del día en el que vivimos.
Todos son disparos continuos, sin balas, pero a la postre disparos; se dicen improperios, mentiras, bulos, promesas vanas, y se devuelven iguales o incluso haciendo más daño, depende a donde te den las balas.
Intentas hacer algo y te disparan ráfagas a las piernas para que caigas y no tengas la oportunidad de levantarte más; te acribillan incluso con las mismas balas con las que tú acribillaste anteriormente a tu adversario.
En la película, había un cowboy que era súper rápido, no había quien lo pudiera tirar en un duelo; incluso una vez que le sacaron una pistola habiendo entregado él la suya se defendió con una patada en la mesa, y además, vestía de blanco.
Era el más temido del poblado, pero…
Un día llegó un viajero que vestía de negro, y que lo retó; acabó con él de un tiro en la frente, y el nuevo matón vistió desde entonces de negro.
Pues por aquí, fuera de la televisión tres cuartos de lo mismo.
Muchos  y muchas van empavonados con sus revólveres orales disparando a diestro y siniestro, creyendo que son los mejores; disparan sin sentido, y muchas, muchas veces al aire a ver a quién pillan.
A todos éstos y éstas que se creen superiores, más rápidos y más certeros, y que denigran a los que son, en teoría,  menos rápidos que ellos, solo  decirles que:
-      En el Far West en el que diariamente vivimos, no te vanaglories de tu habilidad porque siempre podrá aparecer alguien más capaz que tú.
Ah, y otra cosa, también te pueden disparar por la espalda.




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