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23 abril 2020

NO DEJAD DE SONREÍR.

Hace tiempo que me gusta sonreír, tan a menudo lo hago, que algunas veces, solo algunas veces, pudiera ser que no se me trate con la seriedad necesaria. ¡Allá cada uno con lo que lleve! Tener una sonrisa en la boca no significa que no seas una persona seria, cabal y formal.
Y es que me gusta sonreír, hablarle a la gente para que sonría, porque la sonrisa, como ya dije en mi entrada de hace unos días: "EL VALOR DE UNA SONRISA", la sonrisa es muy beneficiosa, y lo demuestra el decálogo detallado en esos doce puntos.
Quien comparte mi vida, también sonríe a menudo, y creo que es realmente necesario.
Todo se lleva mejor con una sonrisa; el trabajo, sobre todo con clientes, los compañeros de clase, los camaradas de trabajo, los padres y madres con sus hijo e hijas, y las parejas, los amigos, las amigas; todo, todo se lleva mejor con una sonrisa.
Y si por casualidad no tienes quien comparta la vida contigo, si te resulta difícil encontrar quien lo haga, nunca deberías de dejar de sonreír.
Incluso si las cosas no salen bien en un momento determinado, si arrastras alguna enfermedad, si el día a día no va como creyeras que debiera ir, si la vida te ha tratado mal en algún momento, no dejes nunca de sonreír.
En cualquier rato del día o de la noche, de la mañana y de la tarde, del mediodía o bien temprano, cualquier momento es bueno para sonreír.
Y si no os apetece hacerlo, recordad siempre esta sentencia del premio nobel de literatura, "Gabo":
"No dejad nunca de sonreír; ni tan siquiera cuando estéis tristes, porque nunca sabréis quién se puede enamorar de vuestra sonrisa". (Gabriel García Márquez).


Foto de la página web teinteresa.es

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