¡Ay, cuĆ”ntos tropiezos tenemos en la vida!
¡CuĆ”ntos "bocazos" nos damos en el suelo cuando caemos de boca y sin casi tiempo para poner las manos!
¡CuĆ”ntas veces nos lo decĆan, y nosotros mismos, cuando nos mirĆ”bamos al espejo nos lo repetĆamos mil y una vez!
¡CuĆ”ntos bofetones sin manos por ser como somos: ingenuos, confiados, entregados a los demĆ”s, serviciales, ofrecidos, generosos...!
¡CuĆ”ntas veces nos lo han dicho!
-¡Ofrecerte ni para coger monedas del suelo!
-¡Lo regalado, ni agradecido ni pagado!
-¡Si no cobras no asombras!
¡Pues nada, las burras al trigo!
Y volvemos a tropezar una y otra vez...
La historia, fiel reflejo de las necedades de la humanidad, define al ser humano, como el Ćŗnico animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo mĆ”s bien dirĆa que tres, cuatro, cinco, y como dicen mis admirados "goma-espuma", y asĆ sucesivamente.
Muchos tropezones con piedras, pero por suerte, muchas veces, con piedras de diferentes tamaƱos y colores. Si fuera con la misma piedra, tantas veces y en el mismo sitio, serĆa... No de seres humanos, sino de gilipollas.
MirƩmonos a los pies por si tenemos pegada alguna piedra con la que tropezamos a diario, y apliquemos disolvente al pegamento, para que no seamos demasiado gilipollas.
Porque ya se sabe que a los gilipollas que cogen o cogemos un carril, les pasa igual que a los burros...
¡Que cuando cogen un carril, o los majas a palos, o los dejar ir!
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| Foto extraĆda de la pĆ”gina: srperro.com |


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