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13 diciembre 2019

EL ALMA ACUMULADORA.

En 1901 un fĂ­sico norteamericano (como casi siempre) llamado Duncan MacDougall, confirmĂł a todos los efectos y despuĂ©s de un sinfĂ­n de experimentos con multitud de personas a punto de morir, que en el transcurso de la vida a la muerte, todos los cuerpos perdĂ­an 21 gramos de peso, por lo que determinĂł, por mor de la deducciĂłn lĂłgica, que el alma de las personas tiene ese peso, veintiĂșn gramos.
Alma proviene del latĂ­n "ĂĄnima" (aire, aliento) y tiene la misma raĂ­z que animal, animar, ĂĄnimo, unĂĄnime, magnĂĄnimo, etc.
Muchas veces me he preguntado cómo una cosa tan pequeña y de tan poco peso puede acumular tantas y tantas cosas.
Si bien cada vez los acumuladores informĂĄticos guardan mĂĄs memoria, ninguno puede alcanzar a nuestro alma.
El alma, la nuestra, es un acumulador de decepciones: en el amor, en el trabajo, con los compañeros, los vecinos, los amigos, e incluso con los de tu misma sangre, tu familia.
Cuåntos pinchazos en una cosa tan pequeña, cuåntos alfileres punzando, a veces durante toda la vida, cuåntas heridas y cicatrices.
Por ello hoy me quiero referir de nuevo a mi admirado Bruce Lee, admirado no como luchador, sino como filĂłsofo. 
Vuelvo a recordar su famosa frase: "Be water my friend" (se agua amigo mĂ­o).
Pues sĂ­, ademĂĄs de amoldar nuestro alma a lo que se necesite en cada momento de nuestra existencia, asĂ­ mismo podrĂ­amos aplicar el agua para diluir en ella las decepciones y los estropicios acaecidos.
Mientras mås se diluya nuestro alma en agua, los ataques a tu felicidad te harån el menor daño posible.

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