No obligues a nadie a quererte, mejor oblígalo a irse. Quien insista en quedarse, es quien realmente te quiere. Siempre seremos para alguien, la persona correcta que conocieron en el momento equivocado.

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30 noviembre 2019

BLACK FRIDAY.

Se conoce como "viernes negro" al día en que se inaugura la temporada de compras navideñas con grandes descuentos; en EEUU es semi-festivo y se celebra el viernes posterior al día de Acción de gracias; o sea, el viernes posterior al cuarto jueves de noviembre.
A su origen se le asocian varios mitos:
- Durante el comercio de esclavos en América, el sexto día de la feria(viernes)  los negros eran vendidos con descuentos para impulsar la economía, de ahí (black-negro) y (friday-viernes) el último día de la sexta feria del mes de noviembre.
- También le llaman negro debido a las personas que morían y eran heridas en los principios de la rebajas (en 2006 diez muertos)...Bulos!!!
Mas el día 24 de septiembre de 1869, dos inversionistas de Wall Street Jay Gould y Jim Fisk, subieron el precio del oro para obtener grandes beneficios y provocaron la caída del mercado de valores de aquel día. El mercado cayó un 20% y el comercio exterior se detuvo; los agricultores sufrieron una caída del 50% en el valor de su cosecha de trigo y maíz; por ello a aquel viernes se le llamó: Viernes negro.
En la década de los cincuenta del siglo pasado, la policía de Filadelfia usó el término Viernes negro para referirse a la jornada entre el día de Acción de gracias y el primer sábado de compras navideñas; este viernes, una gran multitud de compradores y turistas invadían la ciudad, y la policía tenía que trabajar largas horas para controlar tanto a las personas como al tráfico.
Y ahí dejo todo lo que he aprendido hoy sobre esa soberana tontería consumista que para mí es el Black friday, gracias Carmen Gastalver por inducirme a escribir sobre ello.
Yo personalmente prefiero el Blas Fraile,  mucho más divertido.



28 noviembre 2019

PALABRAS.

Después de tantas palabras que llevo escritas en las casi 850 entradas de este blog, jamás determiné una mejor forma de definir la palabra "palabra", y valga la redundancia.
Cuando leí el otro día la definición hecha por Carlos Siller en su blog se me llenó la mente de política.
Ninguno, o casi la mayoría de los que rigen nuestros destinos, creo que ha tenido la oportunidad de leer esta entrada de Carlos, y si lo han realizado no le han hecho ni puñetero caso.
Da pena, y de verdad digo pena, escuchar las flores que se lanzan unos a otros, y los otros a los unos a diario, da lástima comprobar que ninguno/a tiene la valentía de hacer un acto de contrición y pedir perdón; pocos/as son los que, sabiendo que lo han hecho mal, cierran su boca y se retiran.
Y se suceden las campañas, y acaecen los debates, y se habla en el hemiciclo, en el senado, en la comunidad, en los ayuntamientos, pero lamentablemente sin comprender el significado de la "palabra"; se habla, incluso a veces demasiado pero sin comprender el significado de "palabra"
Me gustaría que toda persona, especialmente la persona pública, y muy detalladamente el o la que se dedica a la política, tenga a bien leer esta frase, memorizarla y ponerla en práctica; seguro, seguro que nos irá y les irá mejor.
"Las palabras tienen mucho de aritmética; dividen cuando se utilizan como navajas, para lesionar; restan cuando se usan con ligereza para censurar; suman cuando se emplean para dialogar, y multiplican cuando se dan con generosidad para servir"
¿Os habéis enterado?
¿Nos hemos enterado?
¿Se enterarán alguna vez?
¿Nos enteraremos alguna vez?
Pues como no se enteren, los que nos vamos a enterar somos nosotros.

JUGAR.

Recuero cuando llegaron las máquinas traga-perras que se ubicaron en los salones donde estaban los billares, futbolines, y las pin-balls.
Eran un verdadero espectáculo, con su luminaria excelsa, con su atronador ruido llamando al juego, con el aleteo que producían las monedas premiadas en la cazoleta que tenía la máquina para ello; toda esa parafernalia lo único que hacía era llamarte para que introdujeras una moneda y jugaras.
Jugar, jugar y volver a jugar...
Poco a poco fueron llegando los expertos en: las tres cerezas, las tres campanas, y los tres sietes (no confundir con la lejía); estaban a la caza del premio especial, agazapados en el salón espiando cómo entraba alguien e iba depositando monedas, y cuando creían que la máquina estaba a punto, echaban una cantidad de monedas, a veces desproporcionadas, para ver si "trincaban" el especial.
Conozco a muchos y a muchas que lo han echado todo por la ranura de la puta máquina: su dinero, su trabajo, su coche, su familia y por último su dignidad; y hoy en día, si nuestros dirigentes no le ponen remedio, vamos a peor.
Nadie, digo mal, casi nadie se va a hacer rico con el juego, y me refiero, no a echar una "quinielilla" o una primitiva, me quiero referir a esa forma desproporcionada de jugar sin límites en casinos, bingos y salas de juego; pululan salas de juegos por muchos sitios de la ciudad, sobre todo en los barrios más azotados por la pobreza, y para colmo, ahora se han incrustado en la televisión y la radio y cómo no en internet.
888SPORT, bet365, Willian Hill, Bwin, Sportium, eso solo es un póquer de los cientos de casas de juego internacionales que inundan las previas y los descansos de los partidos de fútbol ,por ejemplo.
Y seguimos sin aprender de nuestros ancestrales refranes:
"La mejor lotería, es el ahorro y la economía"
Ah, y por supuesto uno nuevo de mi cosecha:
"El propietario del garito nunca pierde ni un durito"

XENOFOBIA.

Esta palabra, tan actual en estos tiempos, ha existido desde siempre; siempre ha habido personas que se han creído superiores, detestando al extranjero que pisaba su territorio; color, cultura, ancestros, eran y son motivos de rechazo, ese rechazo lo bautizan como xenofobia.
Su etimología proviene del griego "xenós" (extranjero) y "phóbos" (miedo) literalmente miedo al extranjero.
Muchas veces confundimos la xenofobia, porque creo que cualquier habitante de un territorio que sea conquistado, lo que le tiene al conquistador es xenofobia, pero paradójicamente el que expresa y ejerce la xenofobia es el conquistador hacia el conquistado.
Dicen los grandes pensadores que la xenofobia se cura viajando, pero no todo el mundo tiene capacidad económica para viajar y curar su xenofobia.
Con la xenofobia, lo que si hay es, un detalle que no quiero pasar por alto y es la capacidad económica del extranjero.
En un 99,9999 por ciento tenemos xenofobia al extranjero pobre, al inmigrante sin casa, sin oficio, sin papeles, sin trabajo, que pulula por las calles de nuestras ciudades sin rumbo, sin oficio ni beneficio.
Al extranjero rico, al poderoso, al que viene a dejar su dinero aquí, y en otros casos a llevarse el nuestro, a ese siempre, en el 100 por cien, le extendemos la alfombra roja para que pase.
¿Entonces, le cambiamos el nombre a xenofobia y la llamamos "aporofobia" que literalmente es "miedo a la pobreza", tengan el color que tengan las manos que la soporten?
Pues eso.

CAMBULLÓN.

En mi querida ciudad, allí donde me forje como persona, donde radica mi casa, hay una plaza/calle que desde que tengo uso de razón no sé exactamente cómo se llama.
Cuando yo vivía cerca de ella, jugaba a veces en su plazoleta, y la llamábamos Cambullón; pero cambullón, que después mutó a Zambullón, pasando por Çambullón.
Si la palabra primitiva es Cambullón el significado es:
"Cosa hecha por confabulación de algunos, con engaño o malicia, para alterar la vida social o política"
Proviene del portugués (cambulhado/enredo) y tiene algún que otro significado más en Canarias:
-Tráfico que consiste en cambiar o vender a bordo.
-Porción de víveres detraídos de la despensa del barco.
-Enredo, trampa o cambalache de mal género.
-Trueque de objetos de poco valor.
¿Cuántos cambullones, a parte de la calle/plaza de mi pueblo, hay sueltos por ahí?
¿Por qué ocurre también en mi ciudad esa paradoja que se le llama barrio de Cambullón al barrio de la Verdad?
¿Es la misma paradoja esa que nos acucia diariamente en la que intentan hacernos creer que son todos los abanderados de la verdad y todos, o la mayoría, lo que hacen constantemente es "cambullanear"?
Dejando al margen la mosca que me zumba "cambullaneando" en las orejas cada vez que me meto en este charco, prefiero volver la vista atrás, a mi infancia, cuando la panda se reunía en los bancos de la calle/plaza para tramar travesuras, que casi nunca teníamos capacidad para realizar.
  

DESEANDO COSAS.

El otro día echando un vistazo al programa de reformas en casa de los hermanos Scott, hubo un momento en el que con un programa de arquitectura, pudiera ser el "Autocad", los gemelos fabrican una realidad virtual con alzado en tres dimensiones, a color, de cómo va a quedar la casa después de la estupenda reforma que tienen planteada.
Pasan los minutos del programa viendo cómo realizan la obra, como colocan los muebles, y como decoran; y cuando los clientes entran en casa se quedan boquiabiertos por el éxito de la reforma y hablan gloria bendita de los Scott y del reformado.
En un momento sale a colación en pantalla, el proyecto con el Autocad y la realidad; y muchas veces, son bastante diferentes, porque no han podido colocar algo donde estaba previsto, o no encontraron el mobiliario adecuado; tanto el proyecto como la realidad están geniales.
Pues en la vida nos pasa exactamente lo mismo, en todos los momentos de la vida tenemos sueños, tenemos pensamientos de cómo o de qué forma queremos que sea esto y eso; deseamos tener objetos de determinada forma, queremos que sucedan cosas así como las hemos pensado o deseado, pero pocas veces recibimos con alegría las buenas cosas que nos depara el destino, ¡Claro, así no era como yo quería!
Deberíamos aplicarnos en toda su magnitud esta magnífica frase de un tal Epicteto, filósofo griego que nació en el año 0 y murió con 80 años:
"No pretendas que las cosas sean como tú las deseas; deséalas como son."
Hay señoras, que esperando su deseado príncipe azul, se quedan sin un príncipe verde, o rojo, o amarillo, o blanco.
Nunca desechemos lo bueno que la vida nos propone.



20 noviembre 2019

ESTUDIAR.

Cuando yo era pequeño y andaba por esos institutos de Dios intentando terminar un bachillerato para poder entrar en la Universidad; me preguntaba, y no tenía claro a qué dedicarme en la vida; me cuestionaba una y mil veces qué estudiar que fuera de provecho y me permitiera vivir mi vida.
Al final decidí presentarme a los exámenes para botones en un Banco y han sido 40 años; me decían por aquellos años que había carreras en las que nunca se terminaba de estudiar: Medicina, enfermería, magisterio, y algunas más; pero yo en mis 40 años de profesión he estado continuamente estudiando; al principio para intentar subir escalones en el escalafón bancario y después para prepararse la cantidad de productos que teníamos que vender y que eran desconocidos para todos.
Uno de mis jefes, Germán, muy inteligente por cierto, estudiaba todo lo que entraba en el día a día; a veces le preguntaba cómo se hacía esto o aquello, y el me respondía:
-Cógete la normativa, buscas el capítulo, lo estudias, e intentas hacerlo; si después de un plazo prudente no das con la tecla, me lo dices.
No hay mejor forma de aprender una cosa que tenerla que estudiar.
Con la vorágine del internet, los ordenadores, los móviles, todos estamos en un continuo aprendizaje, y si no estudiamos para ello, seremos unos ineptos.
Como diría el filósofo, político, orador, y escritor romano Lucio Anneo SÉNECA:
"Estudia, no para saber una cosa más, sino para saberla mejor"
Seguro que mi buen amigo y compañero Germán, habría leído a Séneca y aplicaba perfectamente sus enseñanzas.
Pero ahora mismo, lo más importante que tendríamos que estudiar es cómo comportarnos honradamente, cómo conducirse sin hacer daño, cómo proceder educadamente; ¡Coño, actuar como debería actuar una persona normal!
Lo otro es una putada.