Esta mañana. al coger las pastillas que me tocan al levantarme, antes del desayuno (unas pocas, por cierto); una, se cayĂł al suelo de lĂĄminas de madera (donde hace mĂĄs ruido); ¡Clon, clon. clon!
Enciendo la luz, no la veo y me pregunto:
¿Coño, donde ha caĂdo?
Y una vuelta "pacå" y otra vuelta "pallà ", y "parriba" y "pabajo", y "na", que no aparece la puñetera pastilla.
¿DĂłnde estĂĄ joĂ©?
Cojo el mĂłvil y enciendo la linterna, para mĂĄs "INRI", la pastillita de "los colones" es del color de la madera, y claro asĂ es imposible, pero de otro color tampoco hubiera aparecido.
Me olvido de la pastillita, secreto para que no siente mal el café, y acabo de desayunar.
Recojo las cosas y las llevo al fregadero.
Pero ¡Ah, sorpresa!, a la vuelta del fregadero, ahĂ, en el suelo, frente a mĂ, iluminada tenuemente por la luz de la cocina, estaba la pastilla.
Cuando ya casi me habĂa olvidado de ella aparece la desleal pastillita.
Y entonces pensé, o se mi vino a la cabeza...
¡Ya sĂ© por quĂ© las madres y esposas encuentran las cosas nada mĂĄs llegar despuĂ©s de estar tĂș un buen rato buscando!
¡No se aturrullan con la pĂ©rdida!
TĂș no encuentras las cosas cuando las pierdes, porque te aturrullas, porque te pones nervioso porque no aparecen. Cuando se te pierda algo, dalo por perdido, verĂĄs como pronto aparece.
Y si no aparece...
Pues llamas a tu madre, o a tu mujer, o incluso a tu hija, verĂĄs como sĂ lo encuentra.
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No se de quién es la foto, pero es de mi pueblo. |
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