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02 junio 2019

LA RAZÓN.

No es el periĂłdico, es el gesto, la intenciĂłn.
El ser humano siempre ha tenido en su mente un punto de mira, una obsesión, una cantinela que lo acompaña desde el principio de los tiempos:
¡Llevar la razĂłn!
Desde que nacemos, nos encontramos con personas que llevan la razĂłn; y que por ser asĂ­ ,nos la intentan imponer "a cojones".
No quieres comer fruta, pues todas las tardes la fruta molida y sin azĂșcar; que sĂ­, que es buena pero no por narices.
No quieres estudiar derecho, prefieres ser zapatero remendón, pero no, estudiar derecho da mås categoría; y lo estudias, aunque después seas un zapatero remendón con el título de derecho.
En casa, ante tus padres, con tus hijos, en la convivencia con la esposa, con el marido, el maestro, el profesor, incluso el bedel del instituto siempre tienen la razĂłn.
Y si entramos en polĂ­tica...
¡Nooooo, ahĂ­ no! En la polĂ­tica, tu rival polĂ­tico, sabes que cuando hagas las cosas bien y se lo demuestres, te darĂĄ la razĂłn; tambiĂ©n cuando te equivoques y te lo reprendan, automĂĄticamente tĂș les darĂĄs la razĂłn.
A veces es mejor estar en paz que quedarte con la razĂłn.
Ahora sĂ­, el que siempre llevĂł, lleva y llevarĂĄ la razĂłn serĂĄ: "el jefe"; y asĂ­ lo dice el decĂĄlogo del buen empleado:
1.- El jefe siempre tiene razĂłn.
2.- Si alguna vez nos damos cuenta que se equivoca, se aplica la primera ley.
Y asĂ­ sucesivamente...

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