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25 julio 2018

FILÓSOFOS.

Recuerdo que por mi pueblo pasaba un jardinero para hacer trabajos esporĂĄdicos en las parcelas, y que creo recordar que le apodaban "El carreta".
Este hombre tenĂ­a siempre, en sus conversaciones con otras personas, un libro en la boca, y me explico.
Si estaba contigo y por ejemplo aparecĂ­a un chico pelirrojo, tĂș le decĂ­as:
- Que raro, no se a quien sale este chico con el pelo asĂ­.
- Coge el libro, (decía él)
Se referĂ­a al libro de la familia, en el que decĂ­a que todo lo que pudiera ser una persona estaba escrito en el libro de su familia (enfermedades, virtudes, vicios, fĂ­sico, etc.)
¿PodrĂ­amos catalogar a este señor de filĂłsofo?
Pues yo creo que sĂ­, todos tenemos un corazĂłn de filĂłsofo, todos en algĂșn dĂ­a, o en muchos dĂ­as de nuestra vida nos hemos dedicado a pensar, a discurrir problemas, a buscar soluciones a los problemas que nos ocupan, o como tambiĂ©n hacen muchos, a divagar.
Me gusta respetar a todas las personas con las que me encuentro, me gusta charlar con ellas, escucharlas, y aprender; de todos y de todas se aprende, no solo en los libros.
Todos y todas tenemos en nuestra cabeza un pequeño espacio, algunas veces recóndito en el que florece la filosofía.
Eso sĂ­, algunos que se autoproclaman filĂłsofos, tienen muy poca  filosofĂ­a (Philia=Amor; Sophia=SabidurĂ­a), mĂĄs bien como otros, tienen amor a lo material; os aseguro que hay grandes filĂłsofos ocultos entre nosotros que no cobran por ello, deberĂ­amos aprender a descubrirlos.

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